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Las motorizaciones más habituales son diésel, y por tanto el coste de combustible es sensiblemente inferior al un automóvil de gasolina de cilindrada media-alta, por ejemplo. El consumo normal es de unos 10 litros de gasoil por cada 100 km. Los modernos sistemas de inyección diésel permiten conducciones a regímenes de velocidad muy elevados y regulares, eso sí, a costa de un mayor consumo de carburante.
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